Historia de las calles

Ostende


Andes

Existen varias teorías concernientes a la etimología del topónimo "Andes", la más probable es la palabra quechua Anti con el significado de cresta elevada; algunos suponen que deriva de otra palabra también runa simi (quechua): Antisuyu una de los cuatro suyo o partes del imperio de los incas sin embargo es más probable que el nombre de ese suyu haya provenido de la cordillera en cuestión, mucho más dudosa es la etimología española procedente de la palabra andén aunque sí es probable que los españoles modificaran la palabra quechua anti al notar que eran frecuentes en las laderas de esta cordillera los cultivos mediante terrazas o andenes.

Es de notar que los quechuas del Tawantinsuyo solían denominar "Anti" a los sistemas montañosos más occidentales que señalaban aproximadamente los límites de ese imperio, por este motivo algunas elevadas Sierras Pampeanas como la del Aconquija eran incluidas en los "Anti" aunque pertenecieran a sistemas orográficos independientes.

 

Argel

El nombre de Argel, Alger en francés, es una deformación francesa del catalán Aldjer, a su vez deformación del nombre árabe dado por Yusuf Buluggin ben Ziri, fundador de la dinastía Ziríes, cuando edificó la ciudad en 960 en las ruinas de la antigua ciudad romana de Icosium, y la llamó Djezaïr Beni Mezghanna. Varias explicaciones, sin embargo, fueron dadas en cuanto al significado del nombre dado por Buluggin ben Ziri. Una primera explicación sería que el nombre árabe Al-Djaza"™ir (الجزائر), "los islotes", fuera dado en referencia a los islotes que se encontraban entonces frente al puerto de Argel, y que fueron unidos para levantar el muelle actual.

La referencia a la isla podría, según geógrafos musulmanes de la Edad Media, también designar la costa fértil de Argelia, arrinconada entre el vasto Sáhara y el Mediterráneo, apareciendo entonces como una isla de vida, Al-Jaza'ir.

 

Ayacuho

La batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1826) y significa el final definitivo del dominio colonial español en América del sur. La batalla se desarrolló en la pampa de la Quinua en el Departamento de Ayacucho, Perú, el 9 de diciembre de 1824.

La victoria de los independentistas supone la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie; sellando la independencia del Perú con una capitulación militar que puso fin al virreinato del Perú. La independencia del Perú fue finalmente reconocida por España mediante un tratado firmado en París el 14 de agosto de 1879.

 

Azcuenaga, Miguel

Imagen de Miguel Azcuenaga - Ostende

Nació en Buenos Aires el 4 de junio de 1754. Estudió en España y al regresar al país en 1773, comenzó su carrera militar como subteniente de caballería. Peleó contra los indios y contra los portugueses de la Banda Oriental. Un año después de la creación del Virreinato, en 1777, fue nombrado regidor del Cabildo. Fue alférez real, alcalde de segundo voto, síndico y procurador general. Entre 1796 y 1800, fue el jefe de las milicias y de la guarnición de Buenos Aires.

Combatió activamente a los ingleses en las dos invasiones y fue uno de los precursores de la Revolución de Mayo, en la que tuvo un rol importante. Fue designado vocal de la Primera Junta, de la que será separado por los saavedristas, tras la revolución del 5 y 6 de abril de 1811, por adherir a las ideas del fallecido Mariano Moreno.

Tuvo que exiliarse en Mendoza pero pudo regresar tras la Revolución del 8 de Octubre de 1812 y ocupar diversos cargos públicos y militares como gobernador militar en aquel año y jefe del estado mayor en 1818. En 1828 formó parte de la comisión designada para ratificar la paz con el imperio de Brasil. Murió durante el gobierno de Viamonte, el 19 de diciembre de 1833, desempeñando el cargo de legislador provincial.

Juan Bautista Alberdi

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Juan Bautista Alberdi, el inspirador de la Constitución Nacional y uno de los más grandes pensadores argentinos, nació en Tucumán el 29 de agosto de 1810. Su madre, Doña Josefa Rosa de Aráoz, murió en el parto y el niño quedó al cuidado de su padre, Don Salvador Alberdi. En 1816, mientras comenzaba a sesionar el Congreso de Tucumán, Alberdi ingresaba a la escuela primaria que había fundado Manuel Belgrano. A los once años perdió a su padre, y sus hermanos Felipe y Tránsita se hacen cargo de él y gestionan una beca para que continúe sus estudios en Buenos Aires.


En 1824, con 14 años, llegó a Buenos Aires e ingresó en el Colegio de Ciencias Morales. Tenía como compañeros a Vicente Fidel López, Antonio Wilde y Miguel Cané -el padre del autor de Juvenilia- con quien comenzará una profunda amistad. Alberdi no soportaba el régimen disciplinario del colegio, que incluía encierros y castigos corporales, y le pidió a su hermano Felipe que lo sacara de allí. Dejó momentáneamente los estudios formales, pero no la lectura de pensadores europeos. Mientras trabaja como empleado en una tienda, leía apasionadamente a Rousseau, estudiaba música, componía y daba conciertos de guitarra, flauta y piano para sus amigos. En 1831, retomó sus estudios, ingresó a la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Leyes, pero no abandonó sus gustos musicales. En 1832, escribió su primer libro: El espiritu de la musica. Buscando escapar un poco a la pesada atmósfera que imprimía el régimen rosista al ambiente intelectual de Buenos Aires, decidió continuar sus estudios en Córdoba, donde se gradúa de Bachiller en Leyes.


En 1834, regresó a su provincia y escribió Memoria descriptiva de Tucumán. Su hermano Felipe se había convertido en un colaborador cercano del gobernador tucumano Alejandro Heredia y le solicitó una carta de recomendación para que Juan Bautista pudiera presentarla a alguna personalidad influyente de Buenos Aires. A poco de llegar a Buenos Aires, Alberdi se dirigió a la dirección indicada y allí lo esperaba el amigo de Heredia a quien le entregó la carta. Juan Facundo Quiroga leyó el escrito y le dijo al joven tucumano que le convendría estudiar en los Estados Unidos más que en Buenos Aires y que él estaba dispuesto a pagar todos los gastos. Alberdi se entusiasmó con la idea pero desistió cuando estaba a punto de zarpar. Pocos día después, en febrero de 1835, Facundo Quiroga moría asesinado en Barranca Yaco, Córdoba, y Rosas asumía por segunda vez la gobernación de Buenos Aires, esta vez con la suma del poder público.


Desde 1832, un grupo de jóvenes intelectuales venía reuniéndose en la librería de Marcos Sastre. Alberdi se incorporará a este grupo, compuesto, entre otros, por Juan María Gutiérrez y Esteban Echeverría, que fundará el 23 de agosto de 1835 el Salón Literario, un verdadero centro cultural y de difusión de las nuevas ideas políticas, vinculadas al romanticismo europeo.


En 1837, Alberdi publicó una de sus obras más importantes Fragmento Preliminar al estudio del Derecho, donde hacía un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones. El texto fue duramente criticado por los antirrosistas exiliados en Montevideo porque, si bien atacaba duramente al despotismo, no hacía ninguna referencia a Rosas.


Por entonces, Alberdi alquilaba una habitación junto a Juan María Gutiérrez en la casa de Mariquita Sánchez de Thopmson. Allí, en el mismo piano en el que se interpretó por primera vez el himno, Alberdi componía sus Minués Argentinos.
Durante ese mismo año, se inició en el periodismo con la publicación de La Moda, gacetín semanal de música, poesía, literatura y costumbres. Aparecieron 23 números y en sus artículos, Alberdi, que firmaba bajo el seudónimo de "Figarillo" intentaba burlar a la censura del rosismo y dejaba deslizar frases como esta: "los clamores cotidianos de la tiranía no podrán contra los progresos fatales de la libertad".


En junio de 1838 junto a Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez funda la Asociación de la Joven Generación Argentina, siguiendo el modelo de las asociaciones románticas y revolucionarias de Europa. Este grupo de intelectuales pasará a la historia como la "Generación del 37".
La mazorca, la policía secreta de Rosas, comenzó a vigilar de cerca las actividades de la Asociación y comenzó la persecución. Alberdi optó por exiliarse en Uruguay dejando en Buenos Aires un hijo recién nacido y varios amores inconclusos.
Llegó a Montevideo en noviembre de 1838. Allí se dedicará al periodismo político colaborando en diversas publicaciones antirrositas como El Grito Argentino y Muera Rosas. De ese período son también sus dos obras de teatro: La Revolución de Mayo y El Gigante Amapolas, una sátira sobre Rosas y los caudillos de la guerra civil.


En mayo de 1843, partió con Juan María Gutiérrez hacia Génova pero con destino final París, la meca de todos los románticos de la época. Llegó a París en septiembre y visitó al General San Martín con quien mantuvo dos prolongadas entrevistas. Quedó muy impresionado por la sencillez y la vitalidad del viejo general, que lo abrumó con preguntas sobre la patria.


A fines de 1843, decidió regresar a América para radicarse, como Sarmiento, en Chile. A su paso por Río de Janeiro, intentó infructuosamente entrevistar a Rivadavia.
Alberdi vivirá durante 17 años en Chile, la mayor parte del tiempo en Valparaíso, donde trabajará como abogado y ejercerá el periodismo. En uno de sus artículos publicado en El Comerciode Valparaíso dirá: "Los Estados Unidos no pelean por glorias ni laureles, pelean por ventajas, buscan mercados y quieren espacio en el Sur. El principio político de los Estados Unidos es expansivo y conquistador".


Al enterarse del triunfo de Urquiza sobre Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, escribió en pocas semanas de trabajo afiebrado una de sus obras más importantes: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, que publicó en mayo de ese año en Chile y reeditó en julio acompañándola de un proyecto de Constitución. Se lo envió a Urquiza, quien le agradeció su aporte en estos términos: "Su bien pensado libro es, a mi juicio, un medio de cooperación importantísimo. No ha podido ser escrito en una mejor oportunidad." La obra será uno de las fuentes de nuestra Constitución Nacional sancionada el 1º de mayo de 1853.


Mientras que Sarmiento había abandonado Chile para sumarse al Ejército Grande de Urquiza, Alberdi permaneció en Valparaíso, atento a los problemas argentinos. Sarmiento regresó al poco tiempo desilusionado con Urquiza y acusando a Alberdi de ser su agente en Chile. Alberdi lo calificó de "caudillo de la pluma" y "producto típico de la América despoblada" y se decidió a colaborar con el proyecto de la Confederación de Urquiza. El gobierno de Paraná lo nombró "Encargado de negocios de la Confederación Argentina" ante los gobiernos de Francia, Inglaterra, el Vaticano y España. Antes de partir hacia su misión diplomática escribió: Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina y De la integridad argentina bajo todos los gobiernos". En ambos ensayos defendía las teorías liberales de Adam Smith y David Ricardo y se oponía al monopolio, al trabajo parasitario, abogando por un orden que garantizara al productor el fruto de sus esfuerzos y elevara el nivel de vida en general.
El 15 de abril de 1855, partió finalmente hacia Europa. Pasó primero por los Estados Unidos donde se entrevistó con el presidente Franklin Pierce. Luego pasó a Londres, donde conoció a la reina Victoria y, finalmente, a París, donde se radicaría por 24 años.


En 1858, se entrevistó en España con la reina Isabel II y consiguió el reconocimiento de la Confederación.
El 17 de septiembre de 1861, Mitre derrotaba en Pavón a Urquiza y ponía fin al proyecto de la Confederación. Alberdi fue despedido por Mitre de su cargo y reemplazado por Mariano Balcarce.


La situación de Alberdi no podía ser peor. Se le adeudaban dos años de sueldos como embajador y el nuevo gobierno se negaba a pagárselos y mucho menos a pagar su viaje de regreso. Comentó entonces: "el mitrismo es el rosismo cambiado de traje."


Tuvo que quedarse en París. Sus únicos y escasos ingresos provenían del alquiler de una propiedad en Chile.
Al producirse la Guerra del Paraguay, propiciada y conducida por Mitre con el apoyo del capital inglés, Alberdi, como José Hernández y Guido Spano, apoyó decididamente la causa paraguaya y acusó a Mitre de llevar adelante una "Guerra de la Triple Infamia" contra un pueblo progresista y moderno.

Escribirá entonces: "Si es verdad que la civilización de este siglo tiene por emblemas las líneas de navegación por vapor, los telégrafos eléctricos, las fundiciones de metales, los astilleros y arsenales, los ferrocarriles , etc., los nuevos misioneros de civilización salidos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, etc., etc., no sólo no tienen en su hogar esas piezas de civilización para llevar al Paraguay, sino que irían a conocerlas de vista por la primera vez en su vida en el "país salvaje" de su cruzada civilizadora".
En 1872, bajo la profunda impresión que le produjo la derrota paraguaya en el conflicto y sus secuelas en la población del país hermano, escribió El Crimen de la Guerra donde dice: "De la guerra es nacido el gobierno militar que es gobierno de la fuerza sustituida a la justicia y al derecho como principio de autoridad. No pudiendo hacer que lo que es justo sea fuerte se ha hecho que lo que es fuerte sea justo".


Al concluir el mandato Mitre, en 1868, asumió Sarmiento y las cosas no mejoraron para Alberdi, que debió seguir postergando su regreso. No podrá hacerlo hasta 1879 cuando una alianza entre Roca y Avellaneda lanzó la candidatura de Alberdi a diputado nacional. Llegó a Buenos Aires el 16 de septiembre de ese año. A poco de arribar se le brindó una recepción de honor en la Universidad en la que fue aclamado por los estudiantes. Por esos días, se entrevistó con el presidente Avellaneda y con el ministro del Interior: Domingo Faustino Sarmiento. Todo parece indicar que el encuentro fue cordial en un clima de reconciliación. El diario El Nacional comentó: "sus luchas tenaces y ardientes polémicas eran las de dos enamorados de una misma dama, nada menos que la patria".
Pero más allá de estas grandes satisfacciones, Alberdi se había ganado en estos años enemigos poderosos como el General Mitre, que no le perdonaba su campaña a favor del Paraguay y sus acusaciones de falsear la historia y de compararse con San Martín y Belgrano, lanzadas en su obra Grandes y Pequeños Hombres del Plata.


Tuvo una participación decisiva en los debates parlamentarios sobre la Ley de Federalización de Buenos Aires, que le dio finalmente una Capital Federal a la República.


Cuando el nuevo presidente electo en 1880, Julio A. Roca quiso que el Estado argentino publicase las obras completas de Alberdi, Mitre lanzó, desde las páginas de La Nación, una feroz campaña en contra del proyecto que terminó por ser rechazado por los senadores que también rechazaron su nombramiento como embajador en Francia. Cansado y un tanto humillado decidió alejarse definitivamente del país. Partió rumbo a Francia el 3 de agosto de 1881 confesándole a un amigo: "lo que me aflige es la soledad". Murió en Nueilly-Sur-Seine, cerca de París, el 19 de junio de 1884. Sus restos fueron repatriados en 1889 y descansan en el cementerio de la Recoleta.

Leon Battista Alberti

Leon Battista Alberti (Génova, Italia, 18 de febrero de 1404 - Roma, 20 de abril de 1472) fue un arquitecto, matemático, humanista y poeta italiano. Además de estas actividades principales, también fue criptógrafo, lingüista, filósofo, músico y arqueólogo. Es una de las figuras artísticas más polifacéticas del Renacimiento. Alberti pertenece a la segunda generación de artistas del Renacimiento, de la que fue una figura emblemática, por su dedicación a las más variadas disciplinas.

Se mostró constantemente interesado por la búsqueda de reglas, tanto teóricas como prácticas, capaces de orientar el trabajo de los artistas; en sus obras menciona algunos cánones. Por ejemplo, en De statua expone las proporciones del cuerpo humano, en De pictura proporciona la primera definición de la perspectiva científica y por último en De re ædificatoria (obra que termina en 1450) describe toda la casuística relativa a la arquitectura moderna, subrayando la importancia del proyecto, los diversos tipos de edificios siguiendo las funciones que deben desempeñar. El aspecto más innovador de sus propuestas consiste en mezclar lo antiguo y lo moderno propugnando de ese modo la praxis antigua y la moderna, que había iniciado Filippo Brunelleschi. Además, según Alberti: "...el artista en este contexto social no debe ser un simple artesano, sino un intelectual preparado en todas las disciplinas y en todos los terrenos".

Una idea heredera del enciclopedismo medieval de los doctos, pero adaptada a la vanguardia humanista. La clase social con la que Alberti se relacionará es la alta burguesía culta florentina. Trabajó al servicio de los mecenas más importantes de su época: el papado, los Este en Ferrara, los Gonzaga en Mantua, los Malatesta en Rímini...

Atenas

Atenas (en griego Αθήνα, Athína) es la capital de Grecia y actualmente la ciudad más grande del país. La población del municipio de Atenas es de 741.512 (en 2001), pero su área metropolitana es mucho mayor y comprende una población de 3,7 millones (en 2005). Es el centro principal de la vida económica, cultural y política griega. La historia de Atenas se extiende más de 3000 años, lo que la convierte en una de las ciudades habitadas más antiguas. Durante la época clásica de Grecia, fue una poderosa ciudad estado que tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la democracia.

También fue un centro cultural donde vivieron muchos de los grandes artistas, escritores y filósofos de la Antigüedad. Estas contribuciones de Atenas al pensamiento de su época tuvieron una gran influencia en el desarrollo de Grecia, de Roma y de la cultura occidental. Atenas es una de las ciudades más ricas en restos arqueológicos de extraordinaria importancia, de los cuales el más famoso es el Partenón en la Acrópolis. Además de construcciones de la época clásica griega, también se conservan monumentos romanos y bizantinos, así como varias construcciones modernas notables.

La etimología del nombre no es segura. El nombre en griego antiguo es Ἀθῆναι, una forma plural. Puede ser el plural mayestático de la diosa Atenea, protectora de la ciudad, que habría tomado su nombre en su honor; pero también es posible que la diosa haya tomado el nombre de la ciudad, y no a la inversa, y la forma plural se debería a que originalmente Atenas fue un grupo de pequeños pueblos que acabaron por fundirse en una ciudad. El nombre Athina, del griego demótico, se estableció oficialmente en los años 70.

 

Alvear

Imagen de Alvear - Ostende

Marcelo Torcuato de Alvear nació en Buenos Aires el 4 de octubre de 1868, apenas seis días antes de que un sanjuanino, Domingo Faustino Sarmiento, alcanzara la presidencia de la República tras haber batallado por dar a la Argentina una Constitución y evolucionar en la construcción nacional. Nieto de don Carlos María de Alvear, quien fuera director supremo del incipiente Estado argentino en 1815 y protagonista político en los primeros años de lucha por la independencia, portaba un apellido ilustre, incluido en las listas de quienes conformaban la rica aristocracia porteña. Su familia era una de las más adineradas de Buenos Aires, y sucesivas herencias darían a los Alvear una posición social y económica sumamente ventajosa, ubicándose muy cerca de las esferas del poder que en esas últimas décadas del siglo XIX detentaba una clase terrateniente conservadora, autoritaria y fraudulenta, en el marco de un sistema semi-democrático sumamente imperfecto.


Sin embargo, y pese a su posición social, el joven Marcelo prontamente daría que hablar a su familia. Tras estudiar en el Liceo Militar y recibirse de abogado, comenzó a observar la situación general del país y a criticar con suma dureza el sistema político y social imperante, plagado de vicios, de corrupción, de avasallamiento a los derechos más elementales de los trabajadores y de las clases medias y bajas. Su postura política, diferente a los intereses defendidos por la aristocracia oligárquica en la que se aglutinaban sus allegados, le valió no pocos enfrentamientos con familiares y políticos del oficialismo conservador. Abogando por un cambio total en la forma de hacer política en la Argentina, Alvear resolvió unirse a la lucha que iniciaba a fines de la década de 1880 un grupo de jóvenes liderados por Leandro N. Alem; así llegó a la Unión Cívica, y de su mano accedieron a ella varios de sus amigos también de familias pudientes, que aún así eran capaces de observar las profundas falencias del régimen y la necesidad de una revolución que moralizara la política nacional. Participó en el mitín del Jardín Florida y en el acto del Frontón Buenos Aires, las dos más importantes y multitudinarias reuniones de los jóvenes cívicos que en 1890 lograrían la caída del impresentable gobierno de Miguel Juárez Celman.

Precisamente, en la revolución del Parque, Alvear participó liderando una columna de jóvenes que desde el sur de la Capital Federal marchó hacia la Casa de Gobierno y, ante la inminente respuesta de las fuerzas oficiales, se replegó por orden de su líder, que los desconcentró con seguridad y evitó un baño de sangre. En los numerosos mitines, era frecuente orador, y con un tono cauto pero firme repitió hasta el cansancio su compromiso con la causa por la que lucharon, entre otros, Leandro Alem, Bernardo de Irigoyen, Lisandro de la Torre, Aristóbulo del Valle y una figura que comenzaba a pesar por su acción firme en pos de un cambio en la cultura política argentina y su democratización total: Hipólito Yrigoyen.

Ante la división de la Unión Cívica y la conformación del radicalismo, Alvear rechazó la idea del "acuerdo" mitrista y ratificó su concidencia con Alem, participando en la revolución de 1893 contra el gobierno de Luis Sáenz Peña. Pero a partir de allí y del fallecimiento del fundador de la UCR, el joven Alvear iniciaría un acercamiento paulatino a Yrigoyen, respaldando el liderazgo partidario de éste y sus decisiones. 
Las coincidencias entre Yrigoyen y Alvear fueron tales que, a pesar de sus orígenes diferentes, los lazos entre ambos jóvenes fueron más allá de lo estrictamente político, y entre ellos se comenzó a forjar una amistad que con el tiempo serviría incluso para resolver conflictos dentro del propio Partido Radical. Alvear admiraba la sobriedad, la austeridad y el sentido ético del nuevo jefe partidario; Yrigoyen, en tanto, aprobaba la decisión de ese joven patricio porteño de unirse a un movimiento popular cuestionando la misma esencia de la oligarquía a la que pertenecía su propia familia. En el año 1905, la revolución contra el presidente Manuel Quintana, organizada por Yrigoyen, contó con la activa participación de Alvear, quien comenzaba ya a liderar oficialmente la UCR de Buenos Aires en sintonía con la jefatura nacional del yrigoyenismo. Ante la sanción de la ley Sáenz Peña en 1912, la UCR levantó la abstención revolucionaria y comenzó a triunfar en las elecciones, logrando la victoria en las generales de 1916 en que don Hipólito Yrigoyen se convirtió en el primer presidente de la República auténticamente democrático, electo por los argentinos por voto secreto y directo.

Una de las principales preocupaciones de Yrigoyen fue la posición argentina en el plano internacional, y buscando una representación eficiente de los intereses de la Nación ante el mundo y una voz calificada en Europa, designó a Alvear al frente de la estratégica embajada en París. Durante su estancia en Francia, el embajador adquirió una sólida y envidiable cultura y, debido a su posición, pudo acceder a personalidades destacadas del viejo continente, cumpliendo fielmente con las instrucciones que llegaban de su jefe político desde Buenos Aires, siendo la palabra argentina más relevante en Europa. Luego de la culminación de la Primera Guerra Mundial y tras la conformación de la Sociedad de las Naciones, Alvear fue el primer representante de la Argentina en la organización internacional, directamente designado por el presidente Yrigoyen. Al contraer matrimonio con Regina Paccini, una mujer de teatro a la que conoció en Lisboa actuando en la Ópera y de la cual se enamoró profundamente, Alvear dio una nueva muestra a la gente de su nivel social de que podía actuar con completa independencia de sus cánones.


Hacia el año 1922, se produjo el hecho más importante en la vida política de don Marcelo: Yrigoyen lo señaló como el elegido para ser el candidato a la presidencia de la República por la Unión Cívica Radical. Acompañado por Elpidio González en la vicepresidencia, triunfó rotundamente en las elecciones generales y, estando él en Europa, le llegó la noticia de que debía retornar para suceder a su amigo al frente de la Nación.

El 12 de octubre de 1922, Alvear asumió formalmente la presidencia, llevando a cabo un gobierno definido casi en forma unánime como prolijo, honesto, marcado por un escrupuloso respeto por la legalidad y el orden interior de la República. Defendió los recursos de la Nación continuando la labor de Yrigoyen respecto al petróleo y mantuvo los lineamientos generales de la política de su antecesor. Disintió con él, eso sí, en la forma de liderazgo, prefiriendo moderar el personalismo y descentralizar la toma de decisiones; hacía esto a su concepción democrática del poder y a su profunda convicción republicana y radical. Los estilos distintos de Yrigoyen y Alvear provocaron discrepancias entre ellos mismos y, quizá, una división dentro del Partido Radical, que no fue tal en realidad si se tiene en cuenta que muchos de los "antipersonalistas" tenían poco que ver con el radicalismo al cuestionar la figura misma de Yrigoyen y muchas decisiones tomadas por éste que eran totalmente compatibles con la doctrina pura de la UCR.

El aprecio de Alvear por don Hipólito y su condición de radical "de pura cepa" pudo comprobarse cuando hacia el fin de su gobierno, presionado por los sectores conservadores del antipersonalismo para intervenir la provincia de Buenos Aires ganada por el yrigoyenismo, el presidente se negó a proceder en ese sentido y evitó profundizar el quiebre partidario, decretando con un "asunto concluido" su adhesión a la legalidad y al radicalismo. En 1928, garantizó una elección transparente que consagró nuevamente a Yrigoyen como presidente por amplia mayoría. 
En el año 1930, tras el derrocamiento ilegal del líder radical, el régimen dictatorial impidió su presencia en el país, debiendo Alvear emigrar a Europa junto a su esposa. Retornó a la Argentina en 1933 para hacerse cargo de la conducción de la UCR, acéfala luego de la muerte de Yrigoyen ese mismo año. Su figura, ya fuera del partido los sectores reaccionarios contrarios al extinto caudillo, era la única capaz de mantener cohesionado al radicalismo, en su condición de ex mandatario y amigo del líder fallecido. Asumió la presidencia del Comité Nacional de la UCR, desde donde dirigió la oposición al régimen conservador, casi fascista, inaugurado por el golpista José Félix Uriburu y continuada por Agustín Justo, su ex ministro de Guerra. En el año 1938 tomó una decisión muy discutida al decidir levantar la abstención electoral llevando a la UCR a las elecciones presidenciales en una fórmula que él mismo encabezó, cuando no estaban dadas las condiciones para garantizar un proceso limpio. Fue víctima del fraude conservador y la presidencia le fue entregada a Roberto Ortiz, sucedido tras su muerte por Ramón Castillo. Nunca admitió haberse equivocado al aceptar el juego fraudulento de los conservadores, pese a las duras críticas recibidas desde el yrigoyenismo.


Ya en los últimos años de su vida, comenzó a ser acompañado en las giras partidarias y en los actos políticos, que fueron parte de su misma vida, por jóvenes radicales que luego serían líderes, como Ricardo Balbín y Crisólogo Larralde. Fatigado por una lucha de toda la vida, unido plenamente a la boina blanca radical - a pesar de habérsele atribuido el mote de "radical de galera" - y luchando por la restauración de la democracia en la que creyó siempre y más que en ninguna otra cosa, don Marcelo Torcuato de Alvear falleció el 23 de marzo de 1942 en su residencia en Buenos Aires. Contaba ya 73 años y una vida política agitada pero marcada por la honorabilidad, la rectitud y la decencia. 

Fue protagonista de una historia con muchos significados. Miembro de una familia patricia y adinerada, pero formaba parte activa de un movimiento popular. A pesar de su posición económica, y aunque no renegaba de sus orígenes, jamás se rodeó de un lujo estridente: la moderación y la rectitud fueron valores preciados para él. Su militancia radical significó la expresión de disconformidad con la forma en que vivía su propia clase, cuando muchos de sus parientes y amigos miraban con desprecio la lucha de Yrigoyen, que en sí fue su misma lucha: la de la Unión Cívica Radical, identificada plenamente y por siempre con el nombre de don Marcelo Torcuato de Alvear.

Anvers

La isla Anvers o Amberes es la mayor del archipiélago Palmer en la Antártida. Se encuentra en la parte más austral del archipiélago, al suroeste de la isla Brabante, de la cual la separa el canal Schollaert y el archipiélago Melchior. Se sitúa a 10 km de la costa oeste de la península Antártica. Anvers, una isla de tipo continental, alta y montañosa.

Tiene unos 61 km de longitud, con un área de 2.432 km² y una longitud de costas de 379 km. Su nombre se debe a la Expedición Antártica Belga de 1898, al mando de Adrien de Gerlache en homenaje a la ciudad de Amberes, en Bélgica.1 En la costa suroeste de la isla se ubica la Base Palmer de los Estados Unidos, abierta todo el año.

Avellaneda , Nicolas

Imagen de Nicolas Avellaneda - Ostende

Nicolás Avellaneda, el gran promotor de la inmigración, la universidad pública y la federalización de Buenos Aires, nació en Tucumán el 3 de octubre de 1837.
Avellaneda acababa de cumplir cuatro años cuando su padre, Marco Avellaneda, fue degollado por un lugarteniente de Rosas. Su madre, Doña Dolores Silva y Zavaleta, tomó la decisión de trasladarse con su familia a Bolivia.
Ya adolescente, cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Córdoba sin llegar a graduarse. De regreso a su provincia fundó el periódico el Eco del Norte y a fines de 1857 se trasladó a Buenos Aires. A poco de llegar comenzó a trabajar como periodista en El Nacional y a colaborar con El Comercio del Plata, fundado en Montevideo por Florencio Varela durante la época de Rosas.


En Buenos Aires pudo completar sus estudios de derecho e iniciarse en el ejercicio de su profesión. Conoció a Sarmiento, con quien mantuvo una estrecha amistad. El sanjuanino lo ayudó a acceder a la cátedra universitaria como destacado profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, desde donde iniciará su carrera política. En 1865 publicó una de sus obras más importantes: Estudio sobre las leyes de tierras públicas, donde examina la legislación argentina al respecto y propone, basándose en el ejemplo norteamericano, la entrega de propiedades a los verdaderos productores, abreviando trámites y eliminando obstáculos. Plantea que la distribución de la tierra garantiza el asentamiento de población estable y contribuye al aumento del caudal demográfico. "La propiedad territorial fácil y barata -decía en el Estudio- debe ser la enseña de leyes venideras, para vencer en su nombre y con su obra el desierto, cambiando el aspecto bárbaro de nuestras campañas".


Fue electo diputado a la Legislatura de Buenos Aires y al poco tiempo debió abandonar la banca para ocupar el cargo de ministro de Gobierno de la Provincia, durante la gobernación de Alsina, cuando todavía no había cumplido 29 años.
En 1868, Sarmiento fue electo presidente y designó a Nicolás Avellaneda en la cartera más importante en la estrategia del sanjuanino: el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública. Desde allí llevará adelante los ambiciosos proyectos educativos de Sarmiento: centenares de escuelas primarias, decenas de escuelas normales y colegios nacionales en todo el país.
En 1874, al finalizar la presidencia de Sarmiento, fue electo presidente de la República. Mitre, el candidato derrotado, denunció fraude y se levantó en armas contra el triunfo de Avellaneda. A los pocos meses fue derrotado en el combate de La Verde por las fuerzas del General Roca. Mitre fue condenado a prisión por un tribunal militar, pero fue indultado por el presidente Avellaneda quien además, como muestra de su voluntad de pacificación incorporó al Gabinete a Rufino de Elizalde y José María Gutiérrez, dos reconocidos mitristas. 
Siguiendo la consigna de Alberdi "gobernar es poblar", Avellaneda promovió en 1876 la sanción de la Ley de Inmigración conocida como Ley Avellaneda, que aparecía como una promesa interesante de tierras y trabajo para los campesinos europeos. En pocos años, duplicó el flujo inmigratorio.


Avellaneda enfrentó los efectos perdurables de la grave crisis económica que se había desatado a fines de la presidencia de Sarmiento, con medidas extremas como la disminución del presupuesto, suspensión de la convertibilidad del papel moneda a oro, la rebaja de sueldos y los despidos de empleados públicos.


Decía en 1877 "Los tenedores de bonos argentinos deben, a la verdad, reposar tranquilos. La República puede estar dividida hondamente en partidos internos; pero no tiene sino un honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarían hasta sobre su hambre y sobre su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros."


En diciembre de 1876 llegó al país el primer barco frigorífico, Le Frigorifique, equipado con dos cámaras que mantenían una temperatura de 0 grados centígrados. En 1877 llegó Le Paraguay, sus cámaras enfriaban hasta 30° bajo cero. Esto modificaba notablemente el panorama de las exportaciones argentinas e incrementaba el valor del ganado.


El periódico El Mosquito satirizaba así la llegada del frigorífico:
"Yo me quedo asombrado cuando pienso en todas las ventajas que se pueden sacar del invento del frigorífico. Las mujeres podrán construir cada una en su casa un retrete frigorífico, sea sencillo o sea adornado como un elegante tocador, y si tienen la constancia de no salir de él, sino para ir a las tiendas, recibir visitar y comer, conservarán una juventud eterna, y a los 80 parecerán mozas de 25 años. El sistema frigorífico aplicado a la política, producirá también efectos benéficos; las revoluciones serán más raras, si encierran a los autores de revoluciones en calabozos frigoríficos, porque la baja temperatura de su prisión calmará sin duda su ardor revolucionario."


La restricción de las compras al exterior como producto de la crisis, estimuló un tímido desarrollo de la industria local. En 1877 se fundó el Club Industrial, por iniciativa de Carlos Pellegrini, Vicente Fidel López, José Hernández y Roque Sáenz Peña. El club logró que se establecieran tarifas proteccionistas para algunos productos, fortaleciendo la industria harinera, la vitivinícola, la del vestido y otras producciones.


En ese mismo año, se produjo la primera huelga de nuestra historia protagonizada por el primer gremio organizado: la Sociedad Tipográfica Bonaerense, fundada en 1857. La huelga fue dirigida por dos inmigrantes, un francés, Gauthier, y un español, Álvarez, que traían su experiencia sindical europea. La huelga fue exitosa y logró el establecimiento de la jornada de diez horas en invierno y doce en verano, una importante conquista para la época. El periódico El Nacional, dirigido por Dalmacio Vélez Sarsfield, calificó a la huelga como "recurso vicioso, inusitado e injustificado".


El gobierno de Avellaneda, a través del ministro de Guerra, Adolfo Alsina impulsó una campaña al desierto para extender la línea de frontera hacia el Sur de la Provincia de Buenos Aires. El plan de Alsina era levantar poblados y fortines, tender líneas telegráficas y cavar un gran foso, conocido como la "zanja de Alsina", con el fin de evitar que los indios se llevaran consigo el ganado capturado. Antes de concretar su proyecto, Alsina murió. Fue reemplazado por el joven general Julio A. Roca, quien aplicará un plan de aniquilamiento de las comunidades indígenas a través de una guerra ofensiva y sistemática.


El éxito obtenido en la llamada "conquista del desierto", llevada a cabo entre 1878 y 1879, prestigió frente a la clase dirigente la figura de Roca y significó la apropiación por parte del estado nacional de millones de hectáreas que serán distribuidas entre una minoría de familias vinculadas al poder.
Al finalizar su presidencia, Avellaneda envió al parlamento un proyecto de federalización de la ciudad de Buenos Aires, con la intención de poner fin a la histórica disputa por la residencia de las autoridades nacionales, que estaban de hecho sometidas a la autoridad y jurisdicción del gobernador de la provincia de Buenos Aires. El proyecto provocó la reacción del gobernador, Carlos Tejedor, quien se sublevó contra las autoridades nacionales en tanto se llevaban a cabo las elecciones presidenciales que dieron el triunfo a la fórmula Roca-Madero, partidarios de la federalización.


El presidente Avellaneda abandonó la ciudad e instaló el gobierno en el vecino pueblo de Belgrano. Buenos Aires fue sitiada y Tejedor, derrotado por las tropas leales a Avellaneda comandadas por Roca. Finalmente en agosto de 1880 la legislatura nacional declaró disuelta al cuerpo legislativo bonaerense y sancionó la Ley de federalización de la ciudad de Buenos Aires.


Al concluir su mandato presidencial, en 1880, Avellaneda fue electo senador por Tucumán. Desde allí proyectó y logró la sanción de la Ley Universitaria, que les garantizó la autonomía a las universidades nacionales. Poco después fue electo rector de la Universidad de Buenos Aires.


En junio de 1885, se embarcó hacia Europa junto a su esposa, Carmen Nóbrega, en busca de un tratamiento médico para la nefritis que lo afectaba. Murió en altamar, de regreso de su viaje, el 24 de noviembre de 1885, a los 48 años.

Arcachon

Arcachón (Arcachon en idioma francés y oficialmente, Arcaishon en occitano gascón), es una localidad y comuna francesa situada en el departamento de Gironda en la región de Aquitania. Arcachón fue constituida comuna por Decreto imperial de Napoleón III el 2 de mayo de 1857, coincidiendo con la inauguración de la línea de ferrocarril Burdeos-La Teste-Arcachón. Con anterioridad, la comuna había sido tradicionalmente un pequeño establecimiento de pescadores que con el auge a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, de la moda de las estaciones balnearias, fue adquiriendo renombre y popularidad, como destino vacacional, entre las clases acomodadas de Francia.

Los hermanos Péreire, principales accionistas de la compañía Compagnie des Chemins de Fer du Midi crearon la llamada ville d"™Hiver, una de los cuatro centros de ocio a partir de los cuales se desarrolló la actividad económica de la comuna. A partir de 1862 se emprendió un programa de urbanismo por el que se trazaron las principales calles y avenidas a la par que se construyeron numerosas residencias y mansiones.

Desde 1985, la ville d"™Hiver es reconocida como monumento histórico de Francia. En 1863, la actividad turística recibió un nuevo impulso con la estancia del Emperador y desde entonces, su reputación se fue afirmando hasta que en 1926 fue declarada oficialmente "estación balnearia".